¿A Bob Marley lo mató la CIA? Leé un capítulo de su biografía oral

¿A Bob Marley lo mató la CIA? Leé un capítulo de su biografía oral

Bob Marley murió el 11 de mayo de 1981 en un hospital de Miami. Desde entonces, más de una teoría conspirativa se tejió con respecto a las verdaderas y ocultas causas de su muerte, incluidas las que señalaban que había sido asesinado por el gobierno de Estados Unidos debido al ascendente que había cobrado su figura entre la comunidad afroamericana.

Esta semana llega a las librerías argentinas Tanto que contar, una biografía oral del cantante jamaiquino escrita por el mayor experto en su vida y su obra, el estadounidense Roger Steffens. Por gentileza de Malpaso Ediciones, podés leer antes el capítulo «¿Mató la CIA a Bob Marley?»

Roger Steffens: Carl Colby Jr., director de cine e hijo de un antiguo director de la CIA, ha sido el objeto de rumores y especulaciones desde que se reveló que era uno de los cámaras que cubrieron el concierto Smile Jamaica, celebrado en Kingston dos noches después del ataque que puso en vilo la vida de Marley y sus compañeros. Sorprendentemente, Colby, un documentalista con residencia en Los Ángeles, era desconocedor de tales imputaciones; y nadie le había entrevistado sobre el tema. Y no es que fuera complicado averiguar su paradero. De hecho, yo lo encontré consultando el listín telefónico de Beverly Hills, y, unos pocos días después, en diciembre de 2001, él acudió a los Reggae Archives para ser entrevistado, justo cuando se conmemoraba el vigésimo primer aniversario de esos turbios sucesos. Debo decir que no hubo ninguna clase de conversación preliminar para ajustar el cuestionario, y el apunte es necesario para captar la carga emocional de las palabras que siguen. Colby habló como una auténtica ametralladora, y la conversación (también filmada) estuvo marcada en un noventa y nueve por cien por sus respuestas a velocidad de vértigo. Una nota aparte: en mi condición de veterano de Vietnam, disfruté enormemente cambiando impresiones con él y oyendo el relato de su infancia en Saigón. Comencé la entrevista preguntándole si había pertenecido en algún momento de su vida a la CIA.

Carl Colby: Nunca me reclutó la CIA. Sería la peor persona que podrían elegir. Soy hijo de un director de la CIA, eso ya se sabe, lo sabrían ya entonces. No valdría para agente. Tampoco me interesaba. Estudié filosofía. Era director de cine, y empecé a hacer películas documentales cuando estaba en Georgetown. También me interesaba mucho el arte, y a la política solo le prestaba una atención desganada. Lo que sí me atraía mucho era el periodismo, y particularmente la filmación de documentales.

Por eso, empecé a grabar películas sobre artistas. En la época, una buena amiga mía era la hermana de Peter Frank, un bárbaro educado en Harvard que había fundado en Nueva York una compañía, Video Lab, junto a otras dos personas, y yo me alié con ellos, probablemente en octubre de 1976, y me trasladé a Nueva York. Conocí allí a Chris Blackwell, y los dos íbamos a patinar a la pista de un centro comercial en Blooklyn, una auténtica locura. Sí, Blackwell estaba por allí, con la novia que tenía en ese momento. De cualquier forma, un gran tipo, muy relajado, y todos fuimos a un concierto de Ray Barretto en el Village Gate. Me acuerdo muy bien porque esa noche conocí a Perry Henzell, y yo desde siempre había sido muy fan de su película Caiga quien caiga, algo obvio, debido a mi amor por el cine. Habría visto la película como cinco o seis veces ya a esas alturas. De cualquier forma, me gustó Perry de entrada. Veías que estaba cortado por el mismo patrón que Chris Blackwell: jamaicanos blancos de noble estirpe, pero, al mismo tiempo, asombrosamente al tanto de la cultura de allí. Empezaron a hablar sobre reggae, y sobre un concierto de reggae que estaba preparándose, Smile Jamaica, en el que actuaba un tal Bob Marley. Me pareció lo más increíble que había oído, y quería involucrarme en algo así. Y entonces Peter dijo: «Contamos con un presupuesto muy reducido, y Perry dirige, pero el foco central es el concierto, así que podemos ir nosotros a grabar, tú y Fred Brocetti». No sé muy bien por qué nos escogieron a nosotros en lugar de a otros, pero éramos parte de ese pequeño equipo, todos habíamos ayudado a levantar la empresa, y simplemente pensamos: «Venga, contratemos a unos cámaras y adelante, ya arreglaremos lo que sea sobre la marcha». Me acuerdo de cargar con todo el equipo y la mesa de sonido, todo era de Peter, y volamos con Air Jamaica. De camino no dejamos de beber ron, pensando que nos íbamos a divertir. Va a actuar Bob Marley, veremos el concierto y también visitaremos Kingston

Debimos de llegar el viernes. Recuerdo que era media tarde, porque descargamos el equipo y por algún motivo me hicieron responsable del carné, de la documentación para la aduana. Hablamos de un equipo por valor de 250.000 dólares, con la mesa de sonido, las cámaras… Tienes que declarar que es tuyo, que no has comprado nada allí para no tener que pagar aranceles a la vuelta, y a mí me encargaron esa tarea.

Al llegar, bajamos el equipaje, descargamos, y nos dispusimos a salir para el Holiday Inn de Kingston. Justo cuando entrábamos en el coche, alguien dijo que habían tiroteado a Bob Marley. Y todo el mundo se quedó más que alarmado. Dios mío, ¿de qué me estás hablando? ¿Tiros? Lo primero de todo, ¿cómo ha salido él? ¿Está bien? ¿Ha muerto? ¿Cómo es que le han disparado? Y luego, ¿y va a haber concierto? ¿Se suspende? ¿Qué pasa ahora? ¿Nos vamos o nos quedamos? Estábamos recién aterrizados, y entonces pensamos que habíamos ido para rodar una película, y que tras ese suceso el concierto posiblemente se cancelaría, o tal vez no, pero de todos modos nosotros estábamos ya allí. «Al menos vamos a quedarnos unos días a ver qué sucede». Tuvimos un poco de debate para decidirnos. Y yo me preguntaba: pero ¿cómo han podido dispararle? Eso me preguntaba: es un músico. ¿Por qué iban a dispararle?

Al mismo tiempo, puedo decir que Peter Frank, en ese momento, era un manojo de nervios, y dio la orden de que enviaran de vuelta todo el equipaje, de inmediato. Y todo el equipo volvió por donde había venido, por el pánico que le entró: temía perder un equipo tan costoso. Así que, al día siguiente, nos faltaban muchas cosas necesarias. Creo que enviaron de vuelta la mesa de sonido, algo esencial para el concierto. Debieron de encontrar otra para el concierto. Pero se habían llevado las cámaras.

Pablove Black: Iba de paquete en la moto, bajando por Shortwood Road, cuando me enteré de que le habían disparado a Bob. La policía me mandó parar. A mí y a Stereo, que tenía el Mix Dat Studio en Atlanta, los dos íbamos a Elliston Road para saldar cuentas, porque los viernes era el día de las cuentas para las Twelve Tribes. No se me pasaba ni una. Pero nos saltamos un semáforo en rojo y la policía nos paró, y, cuando me miraron, dijeron: «Pensaba que te habían disparado». Porque la policía me tomó por Bob Marley. Y fue la policía la que me contó que acababan de disparar contra Bob Marley en Hope Road.

Jeff Walker: Chris, Dickie y yo fuimos derechos a Hope Road. En el camino, oímos las primeras informaciones sobre el tiroteo en la radio. Cuestiones como quiénes podían ser los responsables, si eso podía estar de algún modo relacionado con el concierto y qué íbamos a hacer solo nos las planteamos después. En ese momento estábamos conmocionados, y era cómo, ¿y qué podemos hacer ahora? Nos acercamos a Hope Road, y los impactos de bala estaban por todos lados. ¡Algo increíble! Habían derribado las puertas de la verja de hierro. Esa era la única señal de que alguien había entrado por la fuerza, y debían de haber estado cerradas, no sé si con candado, pero de cualquier forma las habían atravesado. Como no estuve presente en el tiroteo, no sabía de cuántos coches se había tratado, ni de cuánta gente. Pero los testigos comentaban que había sido un único coche, con unos siete hombres dentro, todos armados, y que el mayor de ellos podía tener diecisiete años y que parecía tan asustado como sus víctimas. Al parecer, se habían puesto a disparar a lo loco, e hicieron lo que estaba previsto que hicieran y salieron pitando de allí. Nosotros solo pudimos ver los efectos del ataque. Tyrone y Family Man seguían allí. No recuerdo una sensación de peligro inminente. La policía ya había llegado. Quedamos con Family para regresar y vernos al día siguiente.

Acudimos al hospital luego. Manley y otra gente importante se habían acercado. Don Taylor todavía seguía en estado crítico. Le habían hecho un reconocimiento a Marley, y después salió y se sentó con nosotros. Había un tropel de gente: Manley, Blackwell, Jobson… Bob estaba sentado en un rincón; hay fotos donde sale sujetándose un brazo ensangrentado. Estábamos esperando para saber la gravedad de las heridas de Rita. Ella era la que había estado más cerca de morir, eso parecía, dejando a un lado a Taylor. Pero la bala le pasó rozando. Y eso que parecía que le habían disparado a bocajarro.

Stephen Davis: Hubo otra persona con heridas graves, Louis Simpson, que al parecer ha sufrido secuelas hasta hoy. Lo llamaban con un mote, no se le conocía por su nombre.

Jeff Walker: Tras que le dieran el alta, Bob fue a Strawberry Hill, que era el retiro que tenía Chris Blackwell en las Blue Mountains. Solo un puñado de gente sabía que Bob se encontraba allí.

Stephen Davis: Se trataba de una casa en lo alto de la montaña, en la selva realmente. Recuerdo que algo del debut de Third World se grabó allí, los sonidos de la selva. Era un lugar apartado y muy hermoso.

Roger Steffens: Después de que el productor Peter Frank hubiera enviado casi todas las cámaras de vuelta a Estados Unidos, Colby y otros miembros del equipo dejaron el aeropuerto rumbo a su alojamiento en Kingston.

Carl Colby Jr.: [Sin embargo, Peter] no quiso llevarse algunas cámaras. Al final nos fuimos a la habitación del hotel con las cosas que nos dejaron… ¡y al día siguiente me despierto y tenía a Countryman danzando en mi habitación! Todos esos personajes estaban allí en mi cuarto. Lo compartía con Fred Brocetti. Una humareda enorme dentro. Un ambientazo allí.

Al poco apareció Perry Henzell, y dijo: «Muy bien, tengo un plan, vamos a hacer esto y esto otro, así». En ese momento no sabíamos dónde estaba Bob, no sabíamos nada de nada. Así que era sábado, y yo veía que había algo de desacuerdo entre Island Records y Perry Henzell. A mí me dio la impresión de que Perry Henzell, al fin y al cabo la persona que había dirigido Caiga quien caiga, y de nacionalidad jamaicana, estaba muy volcado en el duelo político entre Michael Manley y Edward Seaga, que en ese momento alcanzaba su clímax. De cualquier forma, yo estaba desconcertado porque no sabía qué se suponía que íbamos a hacer, y notaba la discrepancia entre Island Records y su representante allí, Jeff Walker, y Perry Henzell, que tenía su propia idea sobre cómo debía ser la película. Me daban órdenes contradictorias, lo recuerdo claramente: uno me decía que había que salir a grabar esto, y el otro me decía que había que grabar esto otro. Terminé concluyendo que Perry Henzell quería hacer una película sobre la situación política en Jamaica, y creo que Island no estaba para nada interesada en ese enfoque. Mi impresión era que ellos querían alejarse todo lo posible de la política porque, al fin y al cabo, Blackwell también es jamaicano, y sabía de los perjuicios que podía acarrearle realizar una película donde se criticara al gobierno o se lo mencionara, o donde simplemente se tocaran esas cuestiones políticas.

Así que esa mañana de sábado recuerdo que bajamos a desayunar, con Perry Henzell diciendo: «Salimos hoy y empezamos a grabar la película». Él era el director, vaya. Y alguien conocido y a quien yo respetaba. Pero, por otro lado, Jeff estaba diciéndote: «Bueno, no hay que insistir mucho en el tema político». Perry decía: «No, voy a hacer una película como una metáfora, sobre Bob y sus sueños y esperanzas sobre Jamaica, y sobre mis sueños y esperanzas sobre Jamaica, para hablar a los corazones de los jamaicanos y a Manley y a Seaga, porque son las dos fuerzas enfrentadas, y están creando toda esta enorme tensión, y la isla tiene un telón de fondo de gran belleza, bucólico, y esa es la historia. Y será una historia política en la que Bob pondrá la energía. A mí no me interesa grabar otro concierto de una estrella del rock». Y yo veía que no estaba hablando por capricho, sino que tenía un convencimiento total de lo que decía, pero, entonces, me decía para mí: «¿Cómo es que no le comentas todo esto a Chris Blackwell, que al fin y al cabo es el tipo que te ha contratado?».

Pablove Black: Tras el tiroteo nos fuimos al cuartel general de Twelve Tribes, y nos sentamos para parlamentar. El doctor Pee Wee Fraser fue a ver qué tal estaba, Mikey Dan fue a ver qué se terciaba. Dijeron que no podían encontrar a nadie, que todos los que estaban a sueldo de Bob para guardarle las espaldas ¡se habían esfumado! Frowser, todos, del primero al último, Tek Life entre ellos.

Bob es un miembro de las Twelve Tribes of Israel. Si alguien le toca un pelo, lo mismo hace a las Twelve Tribes of Israel, porque has tocado a Joseph [el nombre de Bob en el sistema de identificación por meses de las Tribes]. Así que te has ganado el enfado de una docena de personas, doce personas que han nacido en meses diferentes. Eso suponía que, si queríamos saber quién, teníamos que parlamentar, y que los doce hombres de cada uno de los doce meses revisaran todo y fijaran lo que hacer. En ese momento éramos responsables directos de Bob, porque él dijo que todos aquellos a los que pagaba para protegerle habían salido por piernas. Así que yo me vi con Binghi Roy, nuestro sargento de armas. Y Gad [cabecilla de Twelve Tribes] dijo que había que hacer vigilancia. Con Pee Wee y otro par de hombres más. Un joven llamado Little D, que fue a Etiopía. Unos ocho de nosotros nos encaminamos a Strawberry Hill [donde Blackwell tenía una casa que dominaba Kingston, en la que se refugió Bob].

Cuando Bob vino, él asumió el mando y patrullamos la propiedad durante la noche. Una patrulla de cuatro, en posición norte, sur, este y oeste, para cubrir los cuatro puntos. Por el día, él se metía en una mazmorra, como la de un gran castillo, en esa casa de esclavista. Construida con bosquecillos cerca, para tener privacidad. Nosotros estábamos principalmente en la planta baja, en una habitación del fondo. Cualquier hombre que fuera a verlo, era identificado por nosotros. Todos los fotógrafos, y cualquiera que apareciera, debía ser identificado. Si alguien se lo tomaba a chufla, le decíamos: «¡La colina es todo para abajo!», y ya podía darse la vuelta. Era todo un cacheo el nuestro. Nadie lo tenía fácil para acercarse a él, y, cuando llegó el momento, ¡Bob no vio ya a nadie! A algunos maleantes, como Frowser y otros. Pero Strawberry Hill era un fortín muy apartado. No bien defendido realmente, pero puede decirse que, si alguien subía hasta allí arriba, era imposible no verlo.

Bob estaba receloso. Si oía cualquier cosa fuera, apagaba la luz. Al principio estaba muy callado. Y Bob era un tío que, siempre que aparecía, y veía que todo el mundo estaba bien, te contaba chistes y cosas así. Era un tipo jovial. Pero de vez en cuando lo veías meterse en sus pensamientos, ¿quién diablos ha hecho eso? Él, más que miedo, tenía la duda de si eso iba a volver a suceder, porque probablemente nunca pensó que algo así pudiera llegar a ocurrir, que un hombre fuera a hacer eso de verdad.

Fuente: Silencio.com.ar

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